lunes, 11 de febrero de 2008

Próxima estación, final de trayecto




Me entristece que no recuerdes las cosas… o que, como mucho, afirmes que no las recuerdas. Lo compartimos; sí. Fue un paseo, pasada la medianoche, inmersos tú y yo en el corazón de la ciudad, en la plenitud de aquel verano de principios de milenio.

Fuiste firme y decidida: “tengo que dejarte”… y desde aquella noche fueron cayendo varias hojas del calendario… hasta que, de nuevo, fue la segunda puerta del segundo vagón la que nos hizo reencontrarnos de nuevo.

Había sido en aquella primavera cuando me prestaste un libro que desgrané durante semanas… nunca pude, o nunca supe devolvértelo. Quizás me apropié de él pensando en que así lo echarías en falta… que así me echarías en falta.

Quise volver, antes de marcharme, para devolvértelo, pero cuando llegué, ya no estabas; una vez más…

Hoy, ayer y mañana, siempre; la ciudad te engulle en su trepidante ritmo pero… Sí; tu tiempo, inexorablemente, era demasiado trepidante como para pretender que se detuviera; y ahora, tengo yo el tiempo y el corazón detenidos.

Una y otra vez se reproduce el largo sueño de una estación donde acaban las vías… en ese instante en el que se apagarán las luces del teatro… Sueño una y otra vez porque necesitaba quererte, aunque sólo me estuviera permitido hacerlo a mi manera; quería completar la función antes de que fuera demasiado tarde.

Corrí desesperadamente, serpenteando entre la marea humana que me obstaculizaba; tropecé una y otra vez… y nunca, nunca llegué. Quise besarte antes de que tomaras ese último tren que traté de alcanzar. Nunca lo conseguí.

Cuando retornó el silencio, al volver hacia ninguna parte, comprobé lo que ya sabía: tenías mil caras, mil rostros, mil vidas que habían pasado muy cerca de mí durante todo aquel tiempo, muy cerca… pero sin rozarme… eras uno más entre mil corazones que reventaron en mil astillas…

La ciudad es tan enorme que, aún siendo la misma para ambos, nos aleja, nos distancia, y yo me veo cada día, y ahora más que nunca, incapaz de seguirte.

Escaleras mecánicas... una vez más se hacen interminables… un tramo detrás de otro, subiendo sin tan siquiera poder volver a alcanzar el comienzo… sin poder percibir, con un alivio envuelto en paradoja, el desgarrador rugido de la ciudad…

Y una vez más, Marillion reproduce el desgarrador sonido: el rasgado del telón que hace crujir los sueños, separándolos, alejándolos de una realidad que duramente se impone Y la secuencia de imágenes que lo acompaña… sí; es de cosecha propia.








This town.. hangs around in the doorway and tells me I'm late

This town... takes us down, takes us down
I feel like I'm losing you to this town
The morning breaks and I watch you awake
This town takes you down
away from me again...

3 comentarios:

Sylvie dijo...

Menos mal que acaba con la imagen de un parque...porque vaya video!!!...está genialmente hecho, pero solo verlo, me ha estresado...

La verdad es que tras leerte, solo me ha venido una cosa a la cabeza...y es que...hay gente en esta vida, que pierde su tren sin darse cuenta...
Y quien lo pierde dándose cuenta, amigo Grey, no va a tener a nadie en otro anden, que le espere de la misma manera...

Tú eres especial...quizá ella nunca supo apreciarlo.

Besitos con mucho cariño.

grey dijo...

Gracias syl.

soy yo quien lo ha perdido...
y soy yo quien se estaba dando cuenta de que de ningún modo podía
llegar.

gracias por acompañarme con tus palabras ahora.

sólo quería vivir,
yo también...

grey dijo...

Más de un centenar de visitas ha recibido mi video “This town - Madrid, somewhere in time”. Visto este nuevo filón, creo que voy a clausurar el blog y me voy a dedicar a montar youtubes.

Pensé que entre todas las imágenes posibles no podían faltar las más impactantes de los últimos tiempos, aquellas que reflejan el drama de la ciudad llevada al extremo, que o bien aceleran el pulso… o bien lo detienen de golpe: los atentados de los trenes del 11 de marzo de 2004, el incendio del rascacielos Windsor, la prematura muerte de Erika Ortiz en su casa…

Gracias por visionarlo