lunes, 18 de febrero de 2008

Sueño de Sena

Hay ocasiones en que la mañana no tiene nada que ver con el momento antes de despertar. Pero otras veces… ambos tiempos, son un calco entre sí, y reproducen una misma realidad… un mismo sueño…

Madrugada del sábado al domingo, pasado fin de semana... Aún está el cielo oscuro, y queda al menos una vuelta de la manecilla del reloj para el amanecer: dentro de cuatro horas dará comienzo un maratón allí, en la ciudad. Una ciudad lejos de casa…

Aún duermo pero, profundamente dormido, pienso en los preparativos…, los palés de botellas de agua…, gente a la que vengo a ver y aparece, gente que ni imagino que están, y me los encuentro…



Sena es una novatilla en estas lides. Cuando no duerme, su sueño es, al llegar la próxima primavera, fluir como un gran río por la ciudad de París… Y cuando duerme… según puedo imaginar, Morfeo también la mece y la arropa con ese mismo sueño.

Sena en este momento vive y sueña, a siete semanas de poder cumplir ese sueño. Por eso hoy, cuando se haga la luz del día, soñará durante veinticinco kilómetros. Hubo un contratiempo: esta pasada noche antes de partir hacia la morada de Morfeo, Sena olvidó sus zapatillas o… no sé… alguien olvidó entregarle esas zapatillas, y ahora las tenemos aquí con nosotros, acompañándonos en nuestro sueño, lejos de su sueño. Sena necesitará mañana las zapatillas para poder soñar, y alguno de nosotros deberá hacérselas llegar.

Después de terminar mis saludos, parto, aún de noche, hacia el avituallamiento del kilómetro 20. Allí, preocupado por el sueño de Sena, busco, con la bolsa azul de las zapatiilas bajo el brazo, cómo llegar a su punto de partida para entregárselas. Nombres de avenidas inexistentes, cuyo nombre sólo aparece en los sueños… líneas de autobuses que aún permanecen en sus cocheras… planos de la red de metro. Al fín, consigo saber dónde se halla el lugar de encuentro; tiene un nombre difícil, pero sé con certeza que Sena estará ahí, esperando sus zapatillas.

Aunque aún es de noche y sigo arropado por una manta, me invade la angustia de que yo no pueda ser capaz de llegar a tiempo. Debo partir y dejar a los míos. De lo contrario, Sena no podrá soñar...

...Y así ha terminado mi sueño. Acabo de despertar en la oscuridad. Las luces de la habitación se iluminan de golpe y yo me calzo mis zapatos pero… Sena no tiene aún sus zapatillas.

Esta noche pasada, antes de dormir, ni siquiera me había detenido a pensarlo, En cambio, ahora que es de día, con el alba recién estrenada, siento que el destino me ha señalado claramente con el dedo. Debo continuar… es necesario hacer que mi sueño siga su curso, tengo que conseguir que se cumpla la mitad que queda pendiente de ese sueño que acabo de presenciar, para que Sena vea así su medio sueño cumplido.

Y entonces, antes de llegar a la ciudad por la mañana, arranco del maletero del Volvo sus zapatillas y las custodio como si de un tesoro se tratara; y cuando estoy por fin inmerso en la ciudad, busco y pregunto por su avenida, su punto de encuentro; su línea de salida de hoy. Recorro a pie parte de la ciudad para llegar al lugar donde la espero… Y al verla, me invade la satisfacción de ver que los sueños no son sino mensajeros de necesidad de verse cumplidos en la realidad.

Sena se ata sus zapatillas y yo, al mismo tiempo, guardo en mis bolsillos sus geles y cargo con sus bebidas, su abrigo, la funda de sus zapatillas… unas zapatillas olvidadas que al fin ha conseguido calzar. Tras desearla suerte, ella parte. Y yo sigo recorriendo media ciudad para asegurarme de que Sena, hoy, cumple su medio sueño.


Todo, hasta mi sueño, ha sido real de principio a fin. Sena, en estas semanas, sigue fluyendo como la corriente de un gran río, a veces con incertidumbre… otras veces su corriente es vertiginosa; casi siempre, lleva sus más profundas emociones sumergidas bajo la corriente, pero aún así, es fácil verla, está ahí: fluye como un río… ahora sólo faltan siete semanas para que esta novatilla tan especial cumpla la otra mitad de su gran sueño.

Suerte, Sena.

Domingo, diecisiete de febrero de dos mil ocho

2 comentarios:

Sylvie dijo...

Sena es por el río que bordeará???...

bonito post greyecillo, de un sueño que pronto se cumplirá con nosotros muy cerquita...

qué suerte que haya muchos sueños que se cumplan, verdad?

besitos.

grey dijo...

Syl:. Sena es por el río que ella, en sí misma, es.

Sí, es verdad. Hay sueños que se cumplen aunque... para algunos, son los más efímeros y, cumplirlos y compartirlos, cuesta un mundo.

1000 besitos, mil gracias, y felices sueños.